Tirar por la borda: por qué arruinamos lo que más nos importa

Tirar por la borda

Solemos decir que algo se ha tirado por la borda cuando una decisión, muchas veces precipitada, arruina un esfuerzo previo o una oportunidad importante. Por ejemplo, si no terminas tus estudios, habrás echado por la borda varios años de tu vida. Es una expresión muy conocida y, probablemente, poco analizada, a pesar de lo común de la situación.

Qué implica tirar algo por la borda

Para que podamos decir que alguien ha tirado algo por la borda, normalmente tienen que darse varios elementos.

Camino previo

No se trata de cualquier decisión cotidiana, sino de una situación en la que la persona avanzaba en una dirección concreta. Había una meta, una expectativa o al menos una intención clara de llegar a algún sitio. Puede tratarse de unos estudios, una relación, una oposición, un cambio de hábitos o un proyecto laboral. Es decir, había algo valioso en marcha.

Es un cambio de dirección, no simplemente un rodeo. 

Esfuerzo previo

Tiene que haber una inversión de tiempo, energía, constancia, sacrificio o ilusión. Si no ha habido recorrido, difícilmente puede hablarse de tirar algo por la borda. La expresión implica precisamente la idea de que había algo valioso en marcha y que costó construirlo. No tiras tu vida por la borda por decidir quedarte en casa un sábado porque estás cansado, sino por no acudir a una cita la persona de la que estás enamorado/a y a la que que ibas a declararte antes de que se marche del país. Todo ese esfuerzo corre el riesgo de perderse.

Toma de decisiones

Debe incluir también una toma de decisiones incorrecta, irracional o como respuesta de huida a una situación que nos preocupa. Hay opositores que se marcan un límite de años en sus intentos. Puede que en el último suspenso se quedase muy cerca, pero deciden que no vuelven a intentarlo. Estaba planificado, es razonable no petrificarte en el intento y, lamentándolo mucho, se asume la derrota. En este caso no han tirado los años por la borda; simplemente, no lo han conseguido.

Decisión irreversible

Si todavía puedo volver atrás con facilidad, no diríamos que lo he tirado por la borda. Esta expresión exige la sensación de pérdida real: algo se rompe, se desperdicia o se malogra de una manera que ya no permite recuperar del todo lo invertido.

En resumen, tirar algo por la borda implica tener un objetivo, haber dedicado esfuerzo, tomar una mala decisión en un momento clave y que esa decisión provoque una pérdida difícilmente reversible.

Ejemplos

Podemos tirar por la borda en distintos ámbitos, aquí algunos ejemplos:

SALUD

Llevas 6 meses dejando de fumar y asistes a una boda. Lo has pasado fatal pero ya has conseguido que casi no te cueste. Te confías y te fumas primero un cigarrillo y luego el paquete entero.

LABORAL

Trabajas en un establecimiento de eventos, por fin te dejan hacer de wedding planner en una boda importante. Te agobias por la presión y a mitad de boda te vas del evento dejándolo a medias.

PERSONAL

Eres el novio de la boda y estás enamorado de tu pareja. Tus amigos te proponen salir la noche antes para relajarte. Te monta una encerrona y acabas liado con una antigua novia. Mandan el vídeo a tu pareja

¿Por qué lo hacemos?

Para ser sinceros, no tengo estadísticas, pero en mi experiencia no solemos tirar algo por la borda por falta de inteligencia, sino por cómo nos afecta emocionalmente la situación.

 

A veces lo hacemos para aliviar un malestar inmediato.

No es que la persona piense de verdad que esa es la mejor decisión, sino que necesita dejar de sentir lo que está sintiendo en ese momento: ansiedad, presión, frustración, vergüenza o miedo. Abandonar, romper o huir alivia a corto plazo, aunque después el coste sea mucho mayor. Este patrón encaja con lo que en psicología se describe como evitación de experiencias internas desagradables.

Otras veces influye el estrés o el agotamiento.

Cuando alguien lleva demasiado tiempo bajo presión, decide peor. No siempre porque razone mal en sentido estricto, sino porque le cuesta más frenar el impulso, sostener la incomodidad y pensar con perspectiva. En esas condiciones, una reacción de unos minutos puede echar a perder un esfuerzo de meses o de años.

En algunos casos aparece el autoboicot.

Esto ocurre cuando, de forma más o menos consciente, la persona estropea el proceso para protegerse del golpe que supondría fracasar después de haberlo intentado del todo. Es más fácil soportar el fracaso si uno puede pensar que no fue “de verdad”, que si se confirma del todo el miedo a no estar a la altura. Este mecanismo se relaciona con la autoobstaculización y con el miedo al fracaso.

Y otras veces la causa real está más abajo.

Desde fuera, algunas decisiones parecen absurdas. Sin embargo, muchas tienen una lógica interna para quien las toma: miedo al compromiso, sensación de no merecer que algo salga bien, necesidad de escapar de una presión que ya no puede sostener o formas antiguas de reaccionar que se activan casi sin pensarlo. La situación concreta solo sería, en ese caso, el detonante. 

¿Qué podemos hacer?

Ayudar a pensar

Cuando la decisión no nace de una reflexión serena, sino de un pensamiento precipitado o emocionalmente alterado, puede ser útil ayudar a la persona a ordenar lo que le pasa. Revisar qué ha ocurrido, si ya pasó antes, qué alternativas existen y qué consecuencias tendría cada opción puede evitar que una mala reacción arruine un esfuerzo importante.

Postponer

En otros casos, no hace falta resolver nada en ese momento: hace falta ganar tiempo. Cuando alguien está muy ofuscado, razonar bien resulta casi imposible. Lo más útil puede ser aplazar la decisión hasta que baje la intensidad emocional. Dormirlo, salir de la situación o comprometerse a no actuar durante unas horas o unos días puede evitar un daño difícil de reparar.

Conocer la causa profunda

A veces la decisión aparentemente irracional tiene una lógica interna: miedo al fracaso, sensación de no merecer el éxito, necesidad de escapar de la presión, culpa o agotamiento acumulado.

Asumirlo como aprendizaje

Si la persona es adulta, tiene derecho a tomar malas decisiones. Aunque intentemos influir y siempre que no implique un peligro para su vida, la decisión es suya. Hay veces que aprendemos con los errores, este puede ser uno de ellos. En esos casos, la mejor ayuda es, una vez tirado por la borda, pasado un tiempo, reflexionar para ver los aprendizajes.

Lo que suele haber detrás

¿Por qué alguien deja la carrera a falta de una asignatura?
¿Por qué te echan de las prácticas a falta de 15 días?
¿Por qué fumo o como lo que no debo ya llevaba semanas de esfuerzo? 

Muchas veces, la clave no está en que la persona no sepa lo que le conviene, sino en que no soporta bien lo que siente en ese momento. La ansiedad, la frustración, la presión, el miedo o el hartazgo empujan a buscar un alivio inmediato, aunque la decisión perjudique claramente lo que más importa a medio o largo plazo.

Por eso, en no pocas ocasiones, no elegimos lo mejor, sino simplemente lo que nos calma antes. Y después construimos una explicación más o menos razonable para justificarlo.

Como hay miles de casuísticas, todo esto solo pretende ser una pequeña guía para pensar mejor este tipo de situaciones.

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