Mirar para otro lado: qué significa y por qué empeora los problemas

Mirar para otro lado

Mirar para otro lado es otro error frecuente cuando afrontamos una situación problemática. Nos referimos a evitar, ignorar o no querer enfrentarnos a una realidad incómoda, a un problema o a una responsabilidad. Nos damos cuenta de que algo va mal, pero preferimos no prestarle atención ni actuar, ya sea por no meternos en líos en ese momento o esperando que se resuelva solo.

Por tanto, se trata de un error en la fase inicial del afrontamiento: detectamos parcialmente el problema, pero lo dejamos pasar.

No es que no lo percibamos, sino que no reaccionamos ante la situación, de manera más o menos voluntaria.

Otros términos relacionados pueden ser hacer la vista gorda, hacer oídos sordos o pasar por alto.

En qué consiste

Los elementos  para identificar una situación tipo «mirar para otro lado» son:

  • Tenemos la información. Nos damos cuenta de que algo va mal, ya sea por indicios o por información completa y confirmada. Algo no tenía que suceder, es incongruente o simplemente no cuadra.
  • Dificultades. Sabemos que atender a esas señales o a esa información nos traerá dificultades. A veces implicará poner en duda lo que estamos haciendo; otras, enfrentarnos a personas, conflictos o situaciones complejas.
  • Repercusión. En general, no atender esa información no afecta tanto a corto plazo, pero sí probablemente a largo plazo.
  • Justificación. Podemos encontrar una justificación un poco cogida por los pelos que nos permite sostener internamente la inacción. Con una reflexión más profunda, esa justificación no se sostiene.
  • No actuamos. La clave final es esa: no hacemos lo que sabemos que deberíamos hacer, ya sea según la normativa o según nuestros propios valores.

Veámoslo con un ejemplo típico del cine: «No te pido que colabores, solo que mires para otro lado». Si vuelves a mirar los elementos, verás que tienes la información, pero atenderla te obligaría a afrontar dificultades. A corto plazo, no actuar te alivia; a largo plazo, puede traerte problemas. Incluso puedes justificártelo pensando que otros también lo han visto y no han hecho nada.

Otro ejemplo es cuando tu pareja vuelve a casa tarde de trabajar y su ropa huele a la colonia de otra persona. Si no me apetece afrontar las dificultades, tener otra bronca, puedo mirar para otro lado, pero ¿y si creo que la otra persona puede tener un ETS mortal? ¿Haría como si nada? Lo frecuente es afrontarlo, pues la repercusión no es a largo, sino inmediato y, además, lo valoras con una gravedad muy alta. No puedes pasarlo por alto.

EJEMPLOS POR ÁMBITOS

SALUD

Empecemos con un problema de salud inespecífico.

  • Información. Notamos que nuestro cuerpo no va bien, que las analíticas dan valores elevados, que nos tenemos que parar a coger aire a mitad de escaleras. No parecen buenas señales
  • Dificultades. Este es un mal momento para hacer un parón laboral o no quiero afrontar la posibilidad de tener la misma enfermedad que mi padre.
  • Repercusión. La evolución no es inmediata; de momento solo son síntomas, pero no afrontarlos puede acarrear graves problemas de salud en el futuro. Hoy, las molestias todavía parecen aceptables.
  • Justificación. Desde el “ya se me pasará” hasta el “cuando termine el proyecto me pondré con ello”.
  • No actuación. Seguimos con nuestra vida sin hacer caso a las señales.
Mirar para otro lado no me cura; simplemente evito tener que afrontar ahora la situación, a costa de empeorarla mucho en el futuro.

LABORAL

En el mundo laboral hay infinidad de casos de mirar para otro lado. No solo en el ejemplo del mafioso de las películas, también en la ejecución diaria. En este caso, pongo un ejemplo muy frecuente y relativamente neutro.

  • Información. Para nuestro trabajo utilizamos una aplicación informática. Nos damos cuenta que no está registando bien la información y de que esta sale erronea.
  • Dificultades. Cambiar todo esto implica pegarme con informática y modificar el trabajo de varios meses.
  • Repercusión. Mientras que nadie se de cuenta, todo sigue igual. Pero cuando eso ocurra estaremos en un problema importante. Cuanto más tiempo pase, más información estará mal y más difícil será la solución.
  • Justificación. “Yo hago lo que me mandan”, “ese no es mi problema”, “ya lo resolverán” o “no seré yo quien levante la liebre, no vaya a ser que tenga problemas”.
  • No actuación. Sigo haciendo mi trabajo como siempre, a pesar de que se que está mal y que antes o después, habrá que corregirlo.
No dar la voz de alarma en el momento puede generar muchos problemas. La responsabilidad puede diluirse entre mucho, o simplemente puede pesar no querer afrontar que llevamos varios meses haciéndolo mal sin darnos cuenta.

PERSONAL

 Un caso común es el de las finanzas personales, como, a pesar de las señales no las analizamos en profundadidad. Imaginemos una persona que a pesar de que el coste de la vida ha subido y que sus ingresos se mantienen contantes, sigue el mismo ritmo de vida.
 
  • Información. Muchos meses le cuesta llegar a fin de mes, parte de las compras las hace con la tarjeta de crédito y pide pequeños prestamos a su entorno que cada vez le cuesta más tiempo devolver. Las últimas vacaciones las ha pagado con un crédito personal.
  • Dificultades. Mi forma vida cuesta más que lo que ingreso, pero siento que necesito mantenerla para no descolgarme de mi entorno.
  • Repercusión. A corto plazo ya aparecen dificultades, y poco a poco va acumulando deudas sin saber muy bien cómo las pagará. Pero la sensación es que el verdadero problema no es hoy, sino en el futuro.
  • Justificación. “Es como he vivido siempre”, “hago lo mismo que los demás” o “siempre encuentro la manera de salir de estas situaciones”.
  • No actuación. No actuar le permite mantener su ritmo de vida y que, de momento, nada cambie. Pero el problema crece cada vez más y sin una solución clara.
Reducir el ritmo de vida probablemente no le generaría tantos problemas sociales y personales como no poder sostenerlo más adelante o tener que empezar de nuevo. Pero eso, precisamente, queda desplazado al futuro.

¿QUÉ TIENEN EN COMÚN?

Todos los ejemplos presentados comparten un mismo tipo de error: la evitación de la situación y el traslado del problema al futuro. Te quitas un problema seguro y lo llevas a un problema más importante pero probable en el futuro. Cuando no afrontarlo puede traerme una ETS mortal, como en el caso de la colonia no puedo evitar, cuesta mucho más mirar para otro lado: toca hacerse cargo ahora.
Es el problema de muchas personas que no atenienden las señales al principio y que, con el paso del tiempo, terminan afrontando problemas graves que, al comienzo, habrían supuesto solo molestias o correcciones menores.
Lo interesante de esta evitación es que muchas veces ni siquiera llega a convertirse en un análisis serio de consecuencias: la información está ahí, pero se ignora antes de pensarla a fondo.
Muchas veces hay aquí una especie de realismo mágico: si no lo atiendo, no solo parece que no existe, sino que incluso podría resolverse solo. Y sí, a veces pasa, pero no se trata de un proceso racional, sino de una evitación emocional que deja las consecuencias al azar. El error se produce antes de un análisis serio de las señales: ignoro la señal para evitar el malestar inmediato, aunque ese malestar pueda ser mucho mayor con el paso del tiempo.
 
Tiene cierta relación con el concepto de “patada a seguir”, en el sentido de aplazar o desplazar el problema para no afrontarlo ahora.

SITUACIONES MÁS REPROBABLES

En esta explicación no he centrado el concepto en sus formas más delictivas o éticamente reprobables, aunque también existen. Compañeros que roban de la caja, corrupción, conductas inmorales o acosos serían ejemplos claros, y probablemente más reprobables aún cuando se ven con distancia.

En muchos de estos casos pesa la idea de que actuar puede meternos en problemas graves a partir de indicios o de una información que todavía no consideramos completamente segura. En otros, las consecuencias de intervenir pueden ser objetivamente peligrosas. Si analizas los elementos, la estructura sigue siendo parecida.

La diferencia es que aquí puede haber menos evitación emocional inmediata y más cálculo consciente. No quiero asumir unas consecuencias muy negativas por actuar correctamente. Hay una valoración del riesgo y decido no jugármela. 

QUÉ PODEMOS HACER

Como aquí se ignora la información antes de analizarla en profundidad, no siempre es fácil corregirlo. Ignorar no significa no darse cuenta, sino no dedicar el tiempo necesario al análisis que nos llevaría a actuar. Por eso, conviene introducir alguna medida rápida antes de la no actuación. En cinco minutos, a veces ya podemos evitar el error.

Emocional o racional. Cuando ignoro las señales siento cierto sosiego: me quito presión y me noto más tranquilo. Ojo, porque eso puede indicar que la decisión está siendo más emocional que reflexiva.

Comentar a alguien de confianza. Si intuyes que te estás metiendo en un lío o que no vas por el camino correcto, coméntaselo a alguien de confianza cuyo criterio respetes. Esa persona puede ayudarte a no perder de vista el problema y a hacer un pequeño seguimiento.

Fijar una alerta en el calendario. De acuerdo: hoy no puedes revisarlo o te viene mal. Pero entonces ponte una cita cercana, en un momento en que tengas más tiempo, para ver qué tienes que hacer. Sigues aplazándolo, sí, pero te obligas a actuar en el corto plazo.

Proyección. Una pregunta que puede responderse en menos de cinco minutos es esta: ¿qué pasará si sigo así dentro de un año o de cinco? El plazo depende de la situación. Proyectar hacia el futuro nos permite ver que, muchas veces, es mejor pasarlo mal ahora que mucho peor después.

Dedicarle tiempo de análisis. Muy ligado al punto anterior está el hecho de forzarnos a dedicar un poco de tiempo a analizar la situación. Con cinco o diez minutos puede bastar.
Así rompemos la respuesta emocional urgente y damos a esa información la oportunidad de pasar de un tratamiento emocional a uno más racional.
Esto también implica que no siempre actuar es obligatorio ni intervenir es posible. A veces puede ser razonable decidir no actuar, pero esa decisión debería ser consciente, pensada y coherente con nuestros límites y nuestras posibilidades. Una muestra de madurez también consiste en saber en qué guerras merece la pena entrar y en cuáles no podemos hacer gran cosa.

Relación con otros conceptos

Mirar para otro lado se relaciona con otros conceptos ya trabajados en este blog.

Con la huida hacia delante comparte la evitación, pero de una forma más pasiva. En un caso no queremos ver; en el otro, además de no corregir, seguimos avanzando e incluso redoblamos la apuesta.

También puede acabar conectando con tirar por la borda, porque no ver a tiempo que algo va mal puede hacer que una situación se deteriore hasta arruinar un esfuerzo importante.

Y, si esa actitud se mantiene demasiado tiempo, puede terminar en tocar fondo, ya que muchos problemas no explotan de golpe, sino después de haber sido ignorados durante demasiado tiempo.

Por contraste, soltar lastre puede ser justo lo que no hacemos cuando miramos para otro lado: aceptar a tiempo una realidad incómoda y actuar en consecuencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *